Las paredes que crujen, los pisos sueltos, la humedad y los techos que se desmoronan se han convertido en la norma para cientos de venezolanos que viven en barrios marginales que han sido designados como áreas de alto riesgo pero cuyos residentes han sido desatendidos por el gobierno.
Según el presidente Nicolás Maduro, la semana pasada el estado cumplió su promesa de proporcionar 4,1 millones de unidades de vivienda como parte de su misión emblemática de vivienda para trasladar a las personas que viven en viviendas de alto riesgo a nuevas propiedades.
Pero los residentes de las casas en ruinas dicen que han estado esperando durante años que el gobierno les dé nuevos hogares y les permita vivir en paz.

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