Fue la noche de The Good Boss, pero también la noche del regreso de los vestidos en blanco y negro, los esmóquines rojos con el nombre bordado en la espalda y la estrella de Hollywood Cate Blanchett y su flamante galardón.
El sábado fue una noche de gala casi normal en la 36ª edición de los Premios Goya de Cine. Casi, pero no del todo, por las mascarillas, carnés de vacunas y alcohol en gel colocados estratégicamente en los rincones más concurridos del Palau de les Arts de la ciudad española de Valencia.
«Hoy es la gala del reencuentro. Gracias por dejarnos vivir en vuestra vida», dijo la actriz española Carmen Machi en un discurso de apertura de la fiesta.
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