Felipe Henao tenía apenas 9 años cuando su padre le regaló una hectárea de tierra y semillas de coca para continuar con el “negocio familiar”.
Pero el destino intervino y Felipe se convirtió en un activista ambiental, enfrentándose a los poderosos intereses detrás del comercio de coca en la provincia de Guaviare, centro-sur de Colombia.

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