Desde que fue encarcelado en la prisión más poblada de Perú, Lurigancho, hace tres años, la máquina de coser de Clemente Espinosa se ha convertido en una herramienta crucial que lo ayuda a pasar el tiempo y ganar un modesto cambio de bolsillo.
Confecciona ropa que se vende en lugares tan lejanos como Madrid y Nueva York de la mano de Pietà, una marca de moda ética cuyo programa penitenciario tiene como objetivo la reinserción social de los presos.
El zumbido de las máquinas de coser ocupadas llena el taller de la prisión, que está a solo unos pasos de la humilde celda de Espinosa.
«Mi trabajo es darle los toques finales a la ropa, hacer el dobladillo de la manga, el dobladillo de la falda y el escote», cuenta a Efe desde su lugar de trabajo.
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