En un antiguo edificio en la ciudad polaca de Lodz, docenas de huérfanos yacen en sus camas, sosteniendo juguetes o mirando fijamente a los cuidadores, aún creyendo que su escape de Ucrania es solo «parte de un juego».
Cuando escaparon del orfanato ucraniano en la ciudad de Kovel con tres cuidadores, les vendaron los ojos para jugar una versión real de las escondidas.
Ellos «practicaron durante días», cuenta a Efe Halina Jowic, directora de la instalación.
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