¿una alternativa al Black Friday?
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Noemí Romero Vera |
Madrid (EFE).- La campaña ecológica mundial Green Friday (Viernes Verde) surgio como alternativa sostenible al Black Friday (Viernes Negro) pero amenaza con evolucionar hacia una «estrategia confusa» que no ayuda a la sostenibilidad, han anunciado a EFE varios especialistas del sector.
«Debería primar un consumo menor y de más calidad de productos que verdaderamente se necesiten», explica Paloma García, Directora de la Empresa de moda orgánica The Circular Project, ya que «anclarse en ese tipo de ‘marketing’ sea ‘green’ o ‘ black’ no facilita la transición hacia el consumo de bajo impacto» y, aún más, induce a «compras innecesarias utilizando la estrategia del precio y las ofertas».
El Green Friday es iniciado por la Comunidad Europea con las asociaciones ecologistas Ecodes, WWF y Ecoserveis y llegó a España en 2015, “con el objetivo de proteger el actual modelo de compra compulsiva y responsabilizarse del consumo de los productos”, Según Luis Suárez, WWF Coordinador de Conservación.
Sin embargo, García considera que el consumo responsable no debe ser la única solución al impacto de la industria textil, sino que hay incluir la relocalización de las empresas, el apoyo «sin fisuras» desde la administración pública a la producción local y «precios justos » » que valoren «el trabajo que hay detrás de la calidad».

Un consumo responsable
Brendan James, Coordinador de mercadotecnia de la firma sostenible Ecoalf, añade que «el consumo responsable no sólo significa comprar camisetas de algodón orgánico, sino invertir en prendas de calidad, atemporales y hechas con materiales reciclados».
James recuerda que, dede 1996, la cantidad de ropa comprada en la UE ha advertido un 40 % por persona y que las prendas de moda rápida, confeccionadas con una calidad tan baja que «impide reciclarlas» al final de su vida útil, se usan «Menos de 5 veces, una media de 35 días, antes de desecharlas».
Otra voz discordante con la estrategia del Green Friday es la de la directora y fundadora de laplataforma Slow Fashion Next, Gema Gómez, porque «de lo que set trataes de impulsar un consumo basado en lo que realmente se necesita, regalando cosas o experiencias que no afectar de manera negativa al entorno».
El problema radica en «la sobreproducción de la industria», basado en la obsolescencia: «La programada, que tiene que ver con la baja calidad de las prendas que compramos, y la percibida, relacionada con las modas».

Gómez apostó por reducir la cantidad de agua y plástico utilizados, así como alternativa a los químicos tóxicos, como «los 580 gramos de sustancias tóxicas que se necesitan para producir 1 kilo de poliéster o los 2.700 litros de agua para una camiseta de algodón».
Utilización de materiales regenerativos.
Por ello plantea la necesidad de «marcas o iniciativas emprendedoras que empiecen a utilizar materias regenerativas, cuya producción y consumo favorezcan la biodiversidad y capturen o secuestren CO2 de la atmósfera».
Entre ellas figuran los proyectos de la artista Paula Ulargui, quien busca «una conexión entre humano y lo vegetal» y fabrica prendas a partir de materia orgánica viva y materiales biodegradables, además de «una paleta de tejidos basada en gelatina, agua, glicerina o agar».
Ulargui descubrió y cómo hacer crecer plantas dentro de los tejidos buscando semillas y nuevos modos de cultivo que podrían teñir las prendas. «Como creadores -dice-, debemos entender qué uso se puede hacer de cada material y qué impacto puede tener».
Otra iniciativa es la de Planeta Dots, cuyas creadoras defienden que «no hay nada más sostenible que lo que ya existe» y, por ello, recuperan residuos textiles o tejidos en desuso de incineradoras, basureros o incluso de donaciones textiles de los habitantes de su entorno «para alargar su vida útil».
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