Alina espera nerviosamente a que un camión descargue docenas de cuerpos en la morgue de Bucha. Teme lo peor porque no ha sabido nada de su padre desde que las tropas rusas invadieron la ciudad ucraniana.
«Todos los días traen nuevos cuerpos y yo vengo aquí a ver si puedo encontrar a mi padre (…) a ver si lo puedo encontrar entre todos estos cadáveres», dijo a Efe la joven de 24 años.
Ella es una de las docenas de residentes de Bucha que intentan averiguar el paradero de sus seres queridos.
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