El pequeño patio de un hotel en pleno centro de la capital georgiana se ha convertido en uno de los pocos puntos de solidaridad entre rusos y ucranianos tras la invasión de Ucrania por Vladimir Putin.
«Mi amigo es ucraniano y amo este país. No podemos ser indiferentes y no ayudar a esta pobre gente», dijo a Efe Maria Belkina, una joven rusa que regenta junto a sus padres el Hotel Gvino Minda en Tiflis.
Por el hotel han pasado decenas de refugiados ucranianos en busca de ayuda, que está siendo repartida por un equipo de unos 15 voluntarios, en su mayoría rusos.
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